“He tenido muchísimos deseos de comer esta Pascua con vosotros antes de padecer, pues os digo que no volveré a comerla hasta que tenga su pleno cumplimiento en el reino de Dios” Lc. 22: 15. 16
Jesús sabía la importancia que esta ceremonia tendría para sus discípulos y para los que creyentes a partir de ese momento.
Normalmente reservada para miembros de iglesia nunca hemos excluido a nadie que comprendiera verdaderamente su significado y estuviese desarrollando un compromiso personal con Dios.
El peligro de la rutina. Es necesario un dedicado esfuerzo personal por salir de ella y hacer de esta ceremonia una ocasión única y especial. Nadie conoce su futuro hasta el punto de poder asegurar que habrá muchas oportunidades en el futuro.
La rutina mata, ahoga, mecaniza, deshumaniza, desensibiliza y finalmente genera indiferencia.
¿Cuántas veces has dejado de participar en los últimos años? O ¿Cuántas veces has podido participar o has sentido que estabas listo para ello?
Hoy vengo a daros una buena noticia. Dios desea hoy tanto como deseó Jesús que tú no te prives de esta bendición. El Espíritu Santo te habla esta mañana y te dice: “Ven a mí y descansa. Descansa en mi regazo y haré que te sientas en paz. Confía en mi poder y deja que fluya en tu vida. No te agobies, no te aflijas, no te angusties y mírame a los ojos”.
Mira directamente a Dios. Sus ojos te ven por dentro. Ante él sientes esa desnudez del alma y nada le es oculto. No tienes por qué disimular nada. ¡Ven a Jesús tal y como estás! Porque él quiere que hoy sientas su cálido y protector abrazo.
PARA TODOS LOS QUE SE HAN PREPARADO Y LOS QUE NO
Algunos han realizado una preparación a conciencia. Han puesto sus motivos, sus pensamientos, sus pecados ante el Señor y hoy se sienten dispuestos para recibir su paz.
Sois bienaventurados y felices. ¡Qué maravillosa experiencia sentir que tu vida está a cuentas con Dios y con aquellos que te rodean! Es una sensación impagable, sólo es posible vivirla porque es imposible explicarla.
Pero descubro una y otra vez a lo largo de los años que por mucho que Jesús desea darnos su bendición ésta se escapa por los lugares más insospechados porque somos como tuberías viejas incapaces de recibir y conducir esa agua de vida.
La buena noticia que quiero darte hoy es que Jesús te está esperando esta mañana.
¿Prepararnos? Muchos nunca hemos hecho tal cosa. Sólo nos hemos acordado de que había santa cena y quizá ha habido alguna que otra oración al respecto, o hemos leído algo que nos haya sensibilizado un poco pero no hemos hecho nada por resolver nuestros problemas.
¿La preparación consiste en acordarse? Muchos no nos hemos acordado ni hemos pensado una sola vez lo que esta mañana iba a ocurrir aquí. Llega el sábado y nos sentimos mal…
Jesús dijo: “El que ella se ha bañado no necesita lavarse más que los pies; pues ya todo su cuerpo está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos”. Jn. 13: 10
Jesús siempre nos considera de otra forma, siempre nos ve con ojos más misericordiosos que los nuestros. No excluyó a Judas del servicio, lo incluyó con el objetivo de tocar su corazón hasta las entrañas. Trató de usar la ceremonia pascual para enternecer su endurecido corazón. Esto nos da la pauta. Que nadie se excluya porque piense que alguien no debe estar participando.
La santa cena es para ti:
Si estás en la iglesia pero tu corazón está lejos.
Si sigues a Jesús y a la iglesia pero a la distancia.
Si te sientes desengañado y decepcionado por la vida, los amigos, los hermanos, la familia o tu propia pareja.
Si crees que tu situación personal está en las horas más bajas.
Si te sientes hipócrita porque no tienes la voluntad de romper con tus pecados secretos o tus actitudes interiores pervertidas.
Si en medio de la oscuridad reconoces tu necesidad de luz.
Si tu ánimo y tus sentimientos están en carne viva después de haber sufrido graves heridas y no te sientes dispuesto para el Señor ni para nadie.
Si estás peleado con Dios porque hay problemas que no desaparecen ni se arreglan.
Si tu fe está flaqueando y sientes que todo te da igual.
Si quieres pero no puedes.
Si quieres paz y esperanza.
Si necesitas sentir el abrazo de Dios.
Si quieres romper la rutina y ver esta ceremonia con nuevos ojos.
Si la semana ha transcurrido sin pena ni gloria y ahora te sientes desubicado y que estás de más.
Si tienes tantos motivos para irte como para quedarte.
Si has oído la voz del Señor llamándote con amor y dulzura.
Si entiendes y sientes que Dios te acepta, te recoge y está tocando tu corazón.
Si quieres tomar decisiones que hagan que tu primer ‘lavado’ siga siendo válido.
Si te reconoces pecador…
LLAMADO
¿Has quedado fuera en algún ejemplo? Añade lo que necesites. No te equivocarás.
Ven, acércate al Señor, deja que él te llene. Suspira aliviado y déjate consolar, fortalecer, animar y renovar.
Deja que el Señor ponga lo que te falta. No quieras hacerlo por ti mismo.